«Vive con Pasión»
Esta es la frase «Live with passion» que Tony Robbins me regaló en una dedicatoria cuando nos conocimos. Desde entonces, ha resonado en mi vida y en mi carrera, guiándome en cada paso que doy.

Hay momentos en la vida en los que es importante detenerse y celebrar algo significativo.
El 25 y 26 de octubre, el mundo inmobiliario se ha reunido en Ávila para conmemorar el 75º aniversario del Consejo General COAPI España.
Este evento ha sido fundamental para el sector, ya que no solo reconoce una larga trayectoria de compromiso y profesionalismo en el ámbito inmobiliario, sino que también ha servido para reunir a los principales actores del mercado.
Juntos hemos compartido conocimientos, experiencias y explorado las últimas tendencias, en una ocasión especial para reflexionar sobre los retos actuales y el futuro del sector, fomentando la colaboración y la innovación entre todos los profesionales.

La elección de Ávila no ha sido casual, ya que, además de su belleza histórica, es reconocida por ser la ciudad de Santa Teresa, una figura emblemática para los agentes inmobiliarios, que representa un ejemplo de dedicación y pasión, cualidades resumidas en su famosa frase: «Solo Dios basta».
Todos sabemos lo importante que es vivir con pasión, pero antes de profundizar en el tema, quiero hacer una reflexión y lanzar una pregunta a cada uno de nosotros:
¿Hasta qué punto estamos dispuestos a utilizar nuestra pasión solo para aumentar nuestra cuenta bancaria, a costa del medio ambiente y, a veces, incluso de los demás?

Es cierto, no será fácil mantener el rumbo, y las dificultades diarias serán numerosas, tal como le ocurrió a Ulises en su viaje de regreso a Ítaca.

Hace un tiempo, me encontré con un poema que ofrecía respuestas claras a muchas de estas preguntas: Ítaca de Konstantinos Kavafis.
Este poema habla del viaje de la vida, de la importancia de disfrutar cada etapa del camino en lugar de centrarse solo en la meta final.
Nos recuerda que la verdadera riqueza no está en alcanzar el destino, sino en las experiencias que acumulamos a lo largo del trayecto, en los conocimientos y en las vivencias que enriquecen nuestra vida.


Hemos aprendido lo crucial que es mantener vivo el sentido del deseo a lo largo de nuestra vida, ya que nos permite vivir con mayor intensidad.
Los deseos, más que la posesión, son las principales fuentes que alimentan todas nuestras pasiones.
A su vez, el deseo no puede existir en soledad, necesita acompañarse de otro gran universo: la pura curiosidad, esa inquietud que nos mantiene siempre atentos a lo que sucede a nuestro alrededor, explorando lo nuevo y comprendiendo que lo que era válido ayer, hoy puede haber cambiado.
Esta curiosidad desata otra gran capacidad que llevamos latente dentro de nosotros: el entusiasmo.
La misma palabra proviene del griego entheos, que significa «tener un dios dentro».
Para nosotros, estar entusiasmados es sentir esa chispa interior, esa energía que nos impulsa y nos mueve hacia adelante con fuerza y convicción.

Para entender el significado de vivir con verdadera pasión, podemos recurrir a la sabiduría de los antiguos griegos.
Platón, en su obra El Banquete, nos presenta a Penía, la diosa de la pobreza.
Penía, humilde y necesitada, no podía participar en los banquetes de los dioses organizados por Zeus, ya que simbolizaba la carencia y la falta en todos sus sentidos. Solo se le permitía entrar al final de cada fiesta para alimentarse de las sobras que quedaban sobre la mesa.
Este personaje, como veremos más adelante, nos enseña que vivir con verdadera pasión no se alimenta de la abundancia, el reconocimiento ni la recompensa.
Al contrario, vivir con verdadera pasión está profundamente ligado a conceptos más intensos y esenciales para el sentido de la vida: la fatiga y el esfuerzo que se requieren para alcanzar algo, la humildad que nos mantiene con los pies en la tierra, y la perseverancia que nos impulsa a seguir adelante a pesar de las dificultades.
La verdadera pasión se forja en la lucha y la dedicación, ni en el lujo ni en la comodidad.
La fatiga no es solo el esfuerzo necesario para alcanzar algo, sino la dedicación total a una causa.
Es la capacidad de entregarse completamente y la esencia verdadera que siempre nos ayuda a llegar hasta el final.
La humildad nos recuerda que siempre hay algo nuevo por aprender y que somos parte de un proceso continuo de crecimiento.
Es la conciencia de nuestras propias limitaciones y la apertura a reconocer que cada persona, situación o experiencia tiene algo valioso que enseñarnos, manteniéndonos siempre con los pies en la tierra.
La perseverancia implica nunca rendirse, aunque las circunstancias sean adversas. Es la fuerza interior que nos impulsa a seguir adelante a pesar de los fracasos, los obstáculos o la falta de resultados inmediatos.
La persistencia es la voluntad (la obsesión)de seguir avanzando, con la convicción de que cada paso, por pequeño que sea, nos acerca a nuestro objetivo final.

En todo lo que estamos analizando, debemos añadir que vivir con verdadera pasión no implica esperar nada de la suerte.
La suerte, por sí sola, puede fallar fácilmente cuando no está acompañada de otras virtudes más sólidas y conocidas.
En la mitología griega, se cuenta cómo los dioses del Olimpo se enfadaron con la diosa Fortuna por haber favorecido en la tierra a malos políticos en más de una elección, políticos que robaban y gobernaban de manera corrupta e insensata.
Ella indignada respondió que la culpa no era totalmente suya, sino también de la diosa de la Sabiduría y de las Virtudes, que no habían creado suficientes hombres y mujeres virtuosos para asumir cargos tan importantes.
Por eso, en la urna donde a ella se le pedía escoger y elegir los futuros líderes, solo 1.000 personas solo había candidatos inapropiados.
Esto nos enseña que la pasión no se alimenta del puro azar, sino de virtudes más elevadas como la constancia y el esfuerzo por superar los desafíos, independientemente de las circunstancias.
Son cualidades que nos ayudan a ser mejores personas, sin esperar que la suerte nos otorgue algo que tal vez aún no merecemos o para lo que aún no estamos preparados.

Si entramos más en profundidad en los conceptos de la pasión como algo que necesita esfuerzo, dedicación y tiempo, encontramos un vínculo claro con el libro de Nuccio Ordine, La utilidad de lo inútil.
Este ensayo nos recuerda que muchas de las cosas más valiosas en la vida no tienen un propósito económico directo, pero son esenciales para el espíritu humano. De manera similar, la pasión es «pobre» en términos materiales, pero rica en valores intrínsecos.

En esta historia entra otro protagonista importante, el dios Poros, conocido como el dios de la abundancia, la oportunidad y la inteligencia.
Poros tenía la capacidad de encontrar soluciones ingeniosas y ver oportunidades donde otros solo veían dificultades.
La pasión, para alcanzar su máximo potencial, siempre necesita un propósito claro al que aspirar, algo que Poros personifica perfectamente.


En la fiesta que Zeus celebró en honor al nacimiento de Afrodita, Poros, después de disfrutar del banquete, cayó en un profundo sueño, embriagado por el néctar divino.
Penía, al verlo en ese estado y considerando su belleza y su potencial, decidió aprovechar la oportunidad y se unió a él, dando origen a Eros, el dios del amor y la pasión.
Eros, hijo de la pobreza y la abundancia, representa la dualidad de la pasión: una fuerza que surge de la carencia y la necesidad, pero que, gracias a la oportunidad y la astucia, puede generar grandes proyectos y logros.

Este concepto enlaza con la idea de que la pasión verdadera no busca la abundancia ni el reconocimiento, sino que vive en la carencia, en la lucha constante por algo más grande, y solo alcanza su máximo esplendor cuando está guiada por un propósito claro y elevado.

Llegando a las conclusiones, Eros despierta en nosotros grandes pasiones que pueden ser sublimes cuando se comparten y disfrutan con los demás.
De lo contrario, si solo se busca la satisfacción personal, la pasión puede llevarnos únicamente a la acumulación de riqueza material.

Este concepto lo expresó magistralmente Pier Paolo Pasolini al diferenciar entre desarrollo y progreso: el desarrollo es cuantitativo, centrado en la acumulación de bienes materiales, tecnología y crecimiento económico, una expansión que muchas veces se mide en números y cifras.
Sin embargo, el progreso es cualitativo; representa una evolución que enriquece el alma y la sociedad, trascendiendo la simple acumulación material.
Pasolini veía en el progreso una mejora de la calidad de vida, un avance en la conciencia social, cultural y espiritual que busca el bienestar común, la justicia y la armonía con el entorno.
Mientras el desarrollo puede generar desigualdades y desgaste ambiental, el progreso, en su visión, apunta a un cambio más profundo y auténtico, que respeta la identidad cultural y promueve una ética de solidaridad y cuidado mutuo.
En esta diferencia reside la clave para un futuro que no solo avance en términos económicos, sino que también eleve la dignidad humana y el respeto por la diversidad y la naturaleza.

Por eso, entendemos que la pasión, sentimiento propio del Amor (Eros), en su forma más noble, se convierte en un amor puro a la vida, al bienestar propio y de los demás, un amor que se cultiva en secreto y se nutre de la satisfacción personal y la conexión con otros.
Una gran ilustración de este concepto se encuentra en la película Million Dollar Baby.
La protagonista vive tres grandes momentos marcados por su pasión. En la primera parte, su pasión por el boxeo la lleva a entrenar con tenacidad, a pesar de su edad y de las dificultades que enfrenta.
En la segunda, alcanza su sueño y se convierte casi en la campeona que tanto deseaba ser, ganando el millón de dólares.
Pero es en la tercera parte, la más dura y cruel, donde su pasión se mantiene firme a pesar de todo lo que sucede.
El final es algo que cada uno debe descubrir por sí mismo si aún no ha visto esta película extraordinaria.

Necesita guías que la fortalezcan y le den forma, que le enseñen las cualidades esenciales que hemos mencionado: la fatiga, la persistencia y la humildad, todas ellas indispensables para una pasión que no solo transforme nuestras vidas, sino también las de quienes nos rodean.
Porque la verdadera pasión no se conforma con encender una chispa, sino que busca convertirse en un fuego que ilumine el camino de otros, dejando una huella que perdure más allá de nuestra propia existencia.




