​El coraje nos hace libres

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​El coraje nos hace libres

Esta hermosa frase, que hemos utilizado más de una vez para comprender algunos pasajes importantes del método operativo inmobiliario, es en sí misma poderosa… pero también ambigua.

Poderosa porque habla a la parte más noble de nosotros mismos.
Me refiero a nuestro yo interior, ese que en el primer capítulo de El Árbol de las Ventas llamamos nuestro Gigante interior.

Ambigua porque nos hace pensar en la idea clásica del coraje ligada a gestos extraordinarios: escalar una montaña, batir un récord, realizar hazañas fuera de lo común.

En realidad, aquí nos referimos a un valor igualmente noble, pero aplicado a la vida cotidiana: la de llevar adelante un trabajo, una tarea, con excelencia… incluso en las pequeñas acciones.

El coraje nace de realizar cambios importantes antes de que el problema obligue a hacerlo.

Las tres formas de vivir un cambio 

Este concepto se explica muy bien con las tres formas de comportarse ante un cambio de mercado: vivir por, del o el cambio.

Vivir el cambio o vivir del cambio significa seguir la ruta que el mercado nos obliga a recorrer sin poder hacer nada más, como el caballo y la carroza que no pueden decidir ni hacia dónde ir ni cuánto durará el viaje.

Después tenemos la posibilidad de vivir por el cambio, convirtiéndonos en el cochero que decide qué carroza utilizar, qué camino recorrer y cuántos kilómetros deberá soportar el caballo.

Hemos visto a lo largo de los años cómo esta miopía ha afectado incluso a grandes empresas como Kodak y Nokia, y cómo, en cambio, han sabido aprovechar situaciones complejas a su favor compañías como Apple — recordando el ejemplo de Steve Jobs y la Empty Table — Starbucks y el propio Cirque du Soleil. 

Hablando del sector inmobiliario, clamorosa fue la historia de Fincas Corral, de Sasi, Ibusa y muchas más impresas y agencias que desaparecieron o cerraron centenares de agencias en pocos meses de lo que imaginamos .

Quien sabe comprender y anticipar el mercado es quien lo dominará.

Aquí entra en juego un paso fundamental: la inteligencia de entender con antelación lo que está cambiando y el coraje de llevar a cabo las acciones necesarias sin esperar a que el problema aparezca.

Porque anticipar no basta. Hay que decidir — y sobre todo actuar — cuando todavía parece que todo funciona.

Y es precisamente ahí donde el coraje se vuelve concreto: en la capacidad de transformar una visión en comportamientos cotidianos.

Al fin y al cabo, todo gran cambio nace de muchas pequeñas acciones repetidas con intención.

Es el mismo principio que encontramos en el ejemplo en una bellisima  película, donde comprendemos que todo se construye a través de gestos aparentemente simples — a veces incluso invisibles — que en su conjunto se vuelven extraordinariamente eficaces.

Un día perfecto

La película en cuestión — no por casualidad premiada en varios festivales — que nos cuenta precisamente esto se titula Perfect Days.

La historia sigue la vida cotidiana de un operario de limpieza encargado de los baños públicos de Tokio.

Te invito a verla, porque representa perfectamente el coraje al que me refiero.

Resulta fascinante observar — la película tiene pocos diálogos — porque nos invita a centrarnos en los mil pequeños gestos que el protagonista realiza con un esmero y un cuidado fuera de lo común.

Así, un trabajo que muchos descartarían se convierte en un trabajo noble. Es cuidar de los demás de una forma profunda y silenciosa.

También nosotros estamos llamados a expresar ese cuidado — hacia nosotros mismos y hacia los demás — a través de los mil gestos cotidianos que, aún repitiéndose, se vuelven únicos y significativos.

Lo más valioso que tenemos en nuestra agencia son precisamente las personas con las que trabajamos.

Buscar y saber guardar para siempre tus clientes 

Como decía Peter Drucker, nuestra principal tarea es captar clientes… pero sobre todo conservarlos.

El cuidado al filtrar, segmentar e introducir los contactos en la base de datos — un gesto que puede parecer banal — es en realidad el pilar sobre el que se sustenta el trabajo de un verdadero agente inmobiliario.

En estos pequeños gestos veo el verdadero coraje: el de ser coherentes con nosotros mismos y con los compromisos asumidos en el Daruma de inicio de año.

Sería demasiado fácil pensar que las cosas suceden por sí solas sin hacer nada. Y cuando ocurre, incluso deberíamos preocuparnos.

En más de cuarenta años de trabajo inmobiliario he visto desaparecer no solo a brillantes profesionales, sino también a algunas de las empresas más reconocidas, precisamente porque habían perdido el cuidado de los pequeños gestos hacia sus clientes.

Confundir las acciones con la productividad

El coraje nos hace libres porque aplazar — o peor aún olvidar — aquello que hemos decidido hacer nos convierte en esclavos de nosotros mismos y de las circunstancias.

Respetar nuestros compromisos diarios, los que encuentras enumerados en la página 9 de la agenda MYDARUMA y que por eso he definido como “la jornada tipo”, es quizá la forma más alta de libertad… y de coraje.

Si consigues hacer orden fuera de ti lo estás haciendo también dentro de ti.