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Reflexión sobre el mercado

Desde que empezó a pincharse esta famosa burbuja inmobiliaria no se ha hecho más que matizar todos aspectos negativos y la prensa, como en un boletín de guerra, diariamente ha publicado los nombres de las víctimas que iban cayendo. Todo esto me ha llevado a realizar una reflexión; varias, en realidad.
Encima, el mes de agosto siempre ha sido, hasta en épocas de vaca grasas, un mes problemático y seguir hablando de crisis es meter más el dedo en la llaga.
Pero el regreso de las vacaciones nos ofrece este año una mirada más abierta al futuro: la prensa de todo el mundo empieza a hablar de una posible salida y alguien empieza a ver la luz al final del túnel; aunque aquí en España se tardará todavía mucho para poder dar por terminada esta fase de sufrimiento que la economía del País está viviendo.
Por eso es más fácil ahora mirarlo de forma distinta, reconociendo y evidenciando cuanto de positivo la crisis ha llevado consigo.
Ya sé de antemano que mis palabras para muchos sonaran muy duras y corro el riesgo de decir cosas muy impopulares, pero estoy seguro que también serán de alivio e incentivo por todos lo que creen en este sector y luchan y trabajan cada día para salir de esta tormenta.
La primera consideración se refiere a la limpieza que la crisis ha hecho en el mercado. En la pasada década el viento en popa de la economía había levantado una verdadera ola: Una muchedumbre de gente ajena al sector se había, de golpe, transformado en expertos vendedores, promotores o constructores, llegando a alcanzar, muchas veces sin tener la necesaria profesionalidad, abrir su propia agencia o hasta su propia red .
Otras automáticas consecuencias han sido las fáciles ganancias y beneficios económicos indiscriminados a desfavor de los pequeños inversores y particulares, que han ido engordando las carteras y las bolsas de todo el mundo de forma poco natural.
Pero el viento ha dejado de soplar y de repente y en pocos meses, desde la pequeña agencia hasta la gran empresa han visto descongelarse su negocio como nieve al Sol: han ido cerrando las persianas y hoy en muchos barrios de las gran ciudades no sobreviven ni siquiera el 10% de las agencias inmobiliarias que habían abierto en la ultima década.
Pero la historia nos enseña que por su propia esencia el mercado inmobiliario, junto a otros bienes de primera necesitad, no va a desaparecer. Si solamente pensamos que en la época del triunvirato entre Cesar, Pompeo y Crasos (Craso) este ultimo era dueño de la empresa inmobiliaria más importante de la Roma de aquella época.
El hogar es sinónimo de hombre, familia, es un valor básico y esencial de la sociedad- por esto se encuentra en una posición de relieve en la escala de valores de Maslow.
Es un hecho indudable que las ventas han bajado casi del 70%, pero la proporción de las inmobiliarias que han cerrado deja un buen margen de posibilidad de negocio para los que siguen, considerado que el mercado frena pero no se para.
Y aquí voy a mi segunda reflexión:
Hoy en día, como nunca antes, la diferencia consiste en la profesionalidad y la percepción común es que el nivel de los profesionales sea superior hoy que antes.
La tercera reflexión se refiere al precio de los pisos.
Con este boom el precio de los pisos habían crecido de forma desproporcionada a desfavor de la calidad, escardando todos los sistemas de valoraciones que reglamentaban el mercado, disparando indistintamente todo lo que tenía un techo y una puerta.
El dinero en este sector parecía haber perdido su valor.
Pero el verdadero mercado inmobiliario vive exactamente de esto. Hay zona céntricas, las afueras, las ciudades, los pueblos, una mejor exposición, y muchos otros criterios de valoración que un buen profesional conoce y sabe aplicar…
Para que una economía de un País sea sana hay que dar y reconocer el justo valor al dinero.
Yo no diría que hoy no se vende, en realidad creo que lo que está valorado justamente y “ a precio” sigue vendiéndose, quedando fuera del mercado todo lo que estaba sobrevalorado.
Vuelve a ser prioritario el precio real.
Otro efecto de la crisis se ha visto en el mundo de la franquicia, donde muchos se habían lanzado sin conocer un concepto básico de este tipo de empresa.
En el mundo de la franquicia inmobiliaria es solamente una cuestión de números de oficinas y volúmenes de negocio. Son necesarios grandes números y presencia capilar en el mercado para poder activar las economías de escalas que son las únicas formas de gobernar este tipo de empresa.
En realidad con la crisis no hay red que no haya sufrido y más de una- también entre las mayores- que hace dos años parecían inatacables hoy no pueden ni contar esta interesante experiencia porqué han desaparecido totalmente del mercado.
La crisis simplemente ha anticipado un fenómeno fisiológico que dentro de unos años habría visto las pequeñas redes fagocitadas por las primeras tres o cuatro que hubieran sobrevivido así como hoy está ocurriendo.
Otro efecto benéfico de la crisis ha sido lo de incrementar y mejorar la colaboración, el intercambio y la cooperación entre profesionales. Un mercado es verdaderamente fuerte y vital cuanto más se acerca a los valores de una sana competencia, así como en la misma naturaleza. Aumentando la colaboración y el intercambio aumentan exponencialmente también las posibilidades de hacer negocio y muchas agencias están adecuándose poniendo a disposición sus datos y su cartera de pisos a sus antiguos competidores. Sistemas de plataformas MLS están suportando hoy a pequeñas y grandes empresas inmobiliarias para intercambiar informaciones y clientes con un efecto altamente satisfactorio para sus transacciones inmobiliarias.
Ya se nota el cambio y la introducción de una nueva terminología, como el B2B o el e-marketing… Las nuevas metodologías llevaran a la creación de nuevas figuras profesionales, o mejor dicho a una renovación de la figura del Agente Inmobiliario, con su propia y definida profesionalidad, fuerte y abierta a los cambios y a los nuevos desafíos.
No olvidemos que la palabra crisis tiene su raíces en el griego antiguo donde se utilizaba con un significado de “crecimiento, oportunidad”. Solo los que sabrán adaptarse a los cambios y a los nuevos mercados podrán sentirse seguros. El mundo moderno cambia con rapidez y las economías suben y bajan, pero se pueden afrontar hasta las tormentas más fuertes si nuestro barco, grande o pequeño que sea, es solido y bien construido.
Al final el precio que hemos tenido que pagar no ha sido de los peores, por cierto no lo es si lo comparamos a los cambios de época que han vivido las generaciones anteriores.
Se dice que las crisis tengan en el mundo moderno y en los países de estables democracias, el rol que antes tenían las guerras.
Limpiezas, renovación en la ética del trabajo, nuevas oportunidades y desafíos…
¡¡Bienvenida crisis!!

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